Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás
Hoy se celebra a Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás. Compartimos aquí una reseña que nos hace llegar Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe.
San Nicolás de los Arroyos, el 25 de septiembre de 1983 María se apareció a Gladys Quiroga de Motta mientras rezaba el rosario. Gladys era una mujer sencilla, esposa de un operario metalúrgico, madre de dos hijas. Esta ciudad bonaerense a orillas del Río Paraná es para la historia argentina cuna del Acuerdo que lleva su nombre que permitió dar un paso firme hacia la unidad nacional al sentar las bases para convocar al Congreso Constituyente que sancionó la Constitución de 1853.
Celebrar a Nuestra Señora del Rosario de San Nicolás es una ocasión para confiarle nuestra patria, sus gobernantes y todos los que la habitamos, en particular en este tiempo en que nos preparamos a recibir la visita del Papa León XIV.
En ocasión del Jubileo de la Espiritualidad mariana en 2025 dijo el Papa León XIV: “La auténtica espiritualidad mariana hace actual en la Iglesia la ternura de Dios, su maternidad” porque “cada vez que miramos a María, volvemos a creer en la fuerza revolucionaria de la ternura y del afecto”, como decía el Papa Francisco: “en ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles, sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a los demás para sentirse importantes. El camino de María va tras el de Jesús, y el de Jesús es hacia cada ser humano, especialmente hacia los pobres, los heridos, los pecadores.”
Esperamos y confiamos que la celebración de su fiesta nos encuentre unidos y –en palabras del Papa León-: “mantengamos viva la espiritualidad cristiana, la devoción popular por aquellos hechos y lugares que, bendecidos por Dios, han cambiado para siempre la faz de la tierra. Todos unidos, perseverantes y con un mismo sentir, no nos cansemos de interceder por la paz, don de Dios que debe convertirse en nuestra conquista y nuestro compromiso. A ella, madre amorosa, dirigimos nuestra oración para que conserve en nosotros la imagen de su Hijo y, bajo su protección, vivamos como hermanos y hermanas, llegando a ser así, en un mundo desgarrado por las luchas y las discordias, artesanos de paz.”
Cuando María elige un país, una ciudad y un santuario donde recibe a sus hijos se crea un clima de esperanza y de unidad y ella; a través de su acción maternal, favorece el encuentro de sus hijos dispersos con su Hijo Jesús, nos impulsa a encarnar en nuestra vida la Palabra de Dios: vivirla y darla a conocer, con las expresiones de la misericordia con que Jesús anunció un tiempo definitivo de salvación y gracia.
Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.





















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