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CELEBRACIÓN

Luján y los peregrinos

Hoy celebramos a Nuestra Señora de Luján. Compartimos aquí una reseña que nos hace llegar Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe.

Cuando decimos: Luján…viene a nuestra memoria la imagen del caminar juntos compartiendo silencios, oraciones, intenciones traídas de los nuestros, promesas, agradecimientos, cansancio físico y el corazón expectante en la meta:¡¡ Llegar!!!

¿Este año, vas a Luján? Pregunta que viene “sonando” desde los primeros meses del año. ¿Por qué se peregrina a Luján? Muchos para cumplir promesas que hicieron y se cumplieron. Otros, porque están atravesando momentos duros personales, familiares, laborales. Otros, porque “traen la mochila” llena de nombres de amigos que no están bien y “traerlos” es expresar un acto de fe, un signo de amor caritativo.

Peregrinar es un acto de fe y devoción a nuestra Madre como signo de gratitud por las gracias concedidas. Peregrinar a pie, en bicicleta, a caballo encierra un anhelo de búsqueda de fuerzas para estar de pie en tantas situaciones, para encontrar una renovación espiritual que fortalezca la fe, para “no aflojar” en las dificultades que no faltan en cada familia y en nuestra patria.

El Santo Padre Francisco el año 2020 mandó un mensaje invitando a los peregrinos a mirar a la Virgen y suplicarle: “Madre queremos seguir adelante, pero necesitamos que nos des fuerza, esa fuerza de Madre que tú nos das”.… que cada uno sienta en cada peregrinación, esa ternura de Madre que nos da fuerza para seguir caminando”, y pidió a la Virgen “que nos cuide a todos y nos de su ternura de madre para seguir caminando”.

Cuando ya se pueden ver las torres de la Basílica sentimos que el corazón se acelera y, las piernas quieren aflojar, pesan, pero, se experimentan un “aire de renuevo”: ‘Falta menos! ¡Ya estamos!

La Basílica de Luján, inaugurada el 4 de diciembre de 1910, cumplirá 116 años este 2026. Su construcción comenzó en 1890, el edificio principal se inauguró en 1910 y las obras finales concluyeron en 1935, convirtiéndose en un ícono neogótico de Argentina. ¡Cuántas historias encierran sus naves! ¡Cuántos peregrinos de rodillas han recorrido esos pasillos hasta llegar a ver la pequeña imagen de la Virgencita Gaucha!

Peregrinar se vuelve un acto de fe y de entrega que nos recuerda que somos caminantes en este mundo, siempre en búsqueda de Dios. Peregrinar juntos se vuelve también un caminar en comunión con toda la Iglesia.  Se convierte en una experiencia que transforma el corazón. Quizás, para muchos sea un redescubrimiento de aprender a confiar más, a orar con constancia, a no darse por vencido ante las circunstancias y a recordar que la vida misma es una peregrinación hacia el cielo. Peregrinar, en este mundo tan convulsionado, es un acto no solo de fe, sino de amor a Dios que queremos descubrirlo presente en lo cotidiano de nuestras vidas.

¡Vamos a Luján! Que cada paso nos recuerde que somos peregrinos en esta tierra, llamados a caminar bajo la guía de María hacia la verdadera meta: la vida eterna en el cielo.

Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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